Tipos de extintores

 

La definición de extintor de incendios según la norma europea es: “aparato que contiene un agente extintor que puede proyectarse y dirigirse sobre un fuego por la acción de una presión interna, generada mediante una compresión previa permanente o por la liberación de un gas auxiliar en el momento de la utilización”.

Hay tantos tipos de extintores como clases de fuego (A, B, C, D). Teniendo en cuenta esta categorización, podemos entender mejor las clases de extintores existentes y sus características particulares:

  • Extintores de agua: son apropiados para extinguir fuegos de tipo A, producidos por elementos sólidos como la madera. Es importante no utilizarlo en lugares con electricidad para evitar el riesgo de electrocución.
  • Extintores de polvo: es el más común y es indicado para los tipos A, B (líquidos como el gasoil) y C (gases como el hidrógeno). Son los ideales para las viviendas, oficinas y empresas.
  • Extintores de C02: aptos para fuegos de tipo A, B y C. Debido a su elemento químico, es necesario salir del lugar una vez extinguido el fuego para evitar intoxicaciones.
  • Extintores para fuegos especiales: son los únicos que se pueden utilizar para sofocar fuegos de clase D (metales como el magnesio). Actúan en general por sofocación, pero también pueden absorber el calor.

Cómo apagar los fuegos provocados por metales y aceites

En la entrada de hoy vamos a tratar las últimas clases de fuego: los provocados por metales como el magnesio, y los causados por aceites y grasas de la cocina.

El magnesio es un material que se usa para la fabricación de algunas partes de los vehículos, ardiendo a una temperatura de hasta 3.000ºC en caso de incendio. Se ha de apagar con un extintor especial o sofocarlo con arena porque si se le echa agua, este metal se transforma en hidrógeno produciendo una violenta reacción.

 

En cuanto a la clase F de fuegos, provocados por los aceites, han de apagarse también con un extintor especial o eliminar el oxígeno tapándolo con la tapa de la sartén o trapo húmedo. Esto es así porque el agua se evapora de inmediato arrastrando pequeñas gotas de aceite que arden produciendo una gran llamarada.

El aceite para freír los alimentos empieza a humear a los 200ºC y a arder a los 300, por eso, las freidoras eléctricas llevan un limitador de temperatura a 190ºC, para no llegar al punto de humeo.

Estos accidentes domésticos se podrían prevenir si hubiera más concienciación y mentalidad a la hora de enfrentarse a este tipo de fuegos.

 

 

Butano y propano, causantes de los incendios domésticos

La entrada de hoy la vamos a dedicar a la clase C de fuegos, producidos por gases, como el butano y propano, los más usados en las viviendas y, por ello, los más frecuentes de este grupo a la hora de producir un incendio.

El butano se utiliza en zonas cálidas porque bajo 0ºC no se vaporiza bien, perdiendo eficacia, por eso, se emplea para el calentador y el fogón. Mientras que el propano es para zonas frías, usándose como combustible de calefacción.

Se trata de dos gases más pesados que el aire, razón por la que es necesario que haya una ventilación para que, en caso de fuga, el gas salga por las rejillas que se ponen de cara al exterior en las zonas bajas. Ninguno de los dos se puede apreciar por su olor porque son inodoros, por ello, se les añade una sustancia con un olor potente para que en caso de fuga se pueda detectar.

A nivel doméstico, las estadísticas españolas recogen las principales causas de incendio:

  • los aparatos generadores de calor (estufas, braseros, chimeneas…).
  • la electricidad (sobrecargas, cortocircuitos, falta de mantenimiento, mal uso…).
  • los despistes con el fuego (velas, cigarrillos…).

 

Cuida el Medio Ambiente, evita los incendios forestales

Con motivo del Día Internacional del Medio Ambiente que se celebra hoy 5 de junio, queremos recalcar la importancia de intentar evitar al máximo los incendios forestales ya que tienen un gran impacto en nuestro ecosistema.

Verano es la estación en la que más incendios se producen, siendo entre el 80% y 90% causados por el ser humano, ya sea accidental o intencionado, comportamientos que se podría evitar con una buena base de concienciación y educación.

Un incendio forestal supone  una destrucción ecológica considerable puesto que se elimina biodiversidad, aumenta la desertificación, disminuye la calidad de las aguas y de la atmósfera. Además, las zonas afectadas tardan décadas en recomponerse porque experimenta cambios en su estructura y composición. Por ejemplo, la madera y sus derivados, así como productos alimenticios, ya no pueden utilizarse.

 

No solo eso, sino que la tierra queda casi estéril impidiendo la penetración del agua en su interior porque el manto vegetal y la barrera natural desaparecen. Además, un incendio trae consigo gases, incluidos los de tipo invernadero, como el dióxido de carbono (CO2), que acaban también en la atmósfera.

Hay que añadir el gasto económico que supone la regeneración de un área forestal incendiada. Así que, por todo esto y más, cuidemos nuestro Medio Ambiente, es nuestro hogar.